
“Cuando el infierno esté lleno Los muertos caminarán sobre la tierra”
El Amanecer de los muertos
Siempre me he considerado un buen tipo, no el mejor de los hombres, pero en términos generales alguien que se podría llamar “una buena persona”. Un buen vecino, no muy ruidoso, un borracho tranquilo, en casi todos los casos…
Nunca me creí capaz de hacer las cosas que he hecho, pero me tocó vivir esto, el final de los tiempos, lento ante mis ojos, lo vi venir, lo sabía, pero tenia la falsa esperanza de que todo iba a ser como siempre, que todo volvería a la normalidad, la vacía cotidianidad de una vida mediocre llena de pequeños placeres.
¿No sé cómo empezar, empecemos por el comienzo, qué originó todo?
Como ya se sabe y esto está documentado en los estudios del Doctor Houser, sólo faltaba algo que nos convirtiera en seres capaces de todo lo peor; no sólo fue acá, fue a nivel global, pero puedo hablar sólo de lo que viví y de la información que llegó a mí en su momento.
Como buen charlatán de lo paranormal tenia contacto con todo tipo de personajes extraños, cuando se vive de eso se empieza a perder la noción de lo real y de lo ficticio o de lo que supera a la realidad y de cómo las cosas más absurdas y básicas pueden desencadenar una serie de eventos nefastos que combinados son el coctel perfecto de la tragedia.
Por esos días se vivían tiempos extraños, teníamos demasiadas cosas a nuestro alcance y todos sentían que participaban de la economía, así esto no fuera más que una ilusión. Demasiadas opciones, demasiadas películas para ver, mucha música en formato digital y en la nube, demasiada comida, todo aceitado por el placer del crédito que garantizaba al menos dos vacaciones al año. Aglomeraciones interminables de enrojecidos bañistas que ocupaban y ensuciaban todo, aglomeraciones de individuos en las filas de los supermercados y mucho más en épocas navideñas.
Obviamente esto era insostenible, fue por esa época en la que el Gobierno, lleno de insaciables parásitos decidió que para mantener su enorme tamaño debía subir más y más los impuestos y al tiempo que varias empresas multinacionales subieron sus precios, jugando con el acaparamiento de algunos bienes básicos y la inflación se disparó a niveles nunca antes vistos; pensé: Esto se va a volver como Argentina, no como Venezuela sino como Argentina.
Fue por esa época que vi el primer indicio de la infección, evento que discutí como mi selecto grupo de extraños colegas de lo paranormal.
Ese día salí despreocupadamente de mi casa, casa oficina, a comprar cigarrillos a la tienda, algo normal y rutinario para mí en esa época, no había de la marca que yo quería en la tiendita de al lado, así que me embarqué en la misión de ir a un supermercado más grande, uno de cadena.
Desde que entré sentí que algo raro pasaba, era un día inusualmente caluroso; no sé si era una premonición o mis sentidos más animales de alerta se encendieron.
Al llegar a la caja y solicitar los cigarros me di cuenta que algo pasaba en la caja del lado, un señor histérico intentaba pasar su tarjeta de crédito y ésta era rechazada una y otra vez, no podía ver su rostro por que estaba de espaldas a mí, pero escuchaba la discusión con la cajera, luego un estruendo, este señor había arrojado los productos que no pudo comprar al suelo y allí quedaron regados por el piso. La cajera llamaba insistentemente a seguridad y al señor lo sacaron dos guardas que lo sujetaron con dificultad de los brazos, y le dieron la vuelta hacia la salida, fue entonces cuando él se volteo y lo vi, vi sus ojos con ese halo rojo alrededor del iris, y el olor, el olor a caucho quemado y mortecina que emanaba, creo que de su boca. Una espuma fina que goteaba por su barbilla, me quedé mirando con asombro y él me miró con desprecio e ira. El hombre salió y la señora que hacía fila detrás de mi solo asintió a decir que la gente enmarigüanada era lo peor.
Que bueno que conseguí los cigarrillos…
